Manual práctico para el millenial retraído que no sabe cómo hablar con un veinteañero
Estimado descendiente de los noventas:
Antes que nada, evita entrar en pánico.
Es normal sentirse fuera de lugar cuando poco a poco tus espacios cotidianos se ven invadidos por antiguas y nuevas generaciones, desde el trabajo hasta lugares comunes como un bar o el restaurante de tu preferencia, por lo que es importante conservar la calma en todo momento.
Hoy te traigo una guía práctica para convivir en diferentes espacios sin morir en el intento. No obstante, cabe aclarar que todo lo que me propongo a explicarte en las siguientes líneas son meras recomendaciones y no un instructivo para seguir al pie de la letra.
En muchas ocasiones te verás forzado a improvisar a fin de no ser juzgado (o funado, como se dice ahora), por lo que te recomiendo conocer ‘de todo un poco’ para relacionarte con chicos y grandes.
Dicho lo anterior, permíteme presentarte el Manual práctico para el milenial retraído, un compilado de consejos que te servirán para adaptarte a la nueva época, al igual que para auxiliar a algún contemporáneo de tu generación que se encuentre en problemas.
Una vez planteados los objetivos de este escrito, comencemos.
“Ni muy grande, ni muy joven”, somos los condenados a estar en medio de todo y eso no es necesariamente malo
Quizá para nuestra muy mala fortuna, a los noventeros nos tocó estar en medio de dos facciones que son rivales hasta la muerte.
En términos que se usan actualmente, primero están los Boomers, nombre que se les da a las personas mayores con mentalidad tradicional, condescendiente o con poca destreza tecnológica, cuyos valores recuerdan mucho a sociedades más clasistas que valoran frases como “hay que echarle ganas”.
En este grupo entran nuestros padres, tíos o abuelos, a quienes no odiamos, pero reconocemos en ellos una diferencia de opinión. Sin embargo, no los consideramos nuestros antagonistas per se.
Por otro lado están las generaciones más actuales, cuyo adjetivo desconozco ya que lo cambian cada cierto tiempo, o quizá yo estoy bastante desactualizado al respecto. Se les dice Z, Centenialls, Zoomers, Post-millennials, iGeneration, Techs, entre muchos otros, aunque para lo más grandes su apodo favorito es: generación de cristal, grupo al que no estoy seguro si pertenecemos.
Estos nuevos jóvenes, nombre que prefiero darles para evitar algún adjetivo específico y para diferenciarlos de los jóvenes adultos, que son a quienes me dirijo en este texto, han crecido con internet, redes sociales, tecnología, revoluciones sociales, entre muchas otras cosas, lo cual les da una mentalidad muy distinta a sus rivales.
En medio de estos dos grupos nos encontramos nosotros, “finalochenteros”-noventeros a quienes popularmente nos denominan como Millenials, es decir, los hijos del milenio. Es un aspecto curioso porque fuimos educados por los Boombers y tenemos como hermanos (o incluso hijos) a los Centenialls, razón por la cual nos hemos convertido en los mediadores entre ambos.
Al parecer la historia nos ha reservado el papel de intermediarios para ambas generaciones, por lo que bien podríamos ser considerados como árbitros, conciliadores, pactadores, negociadores y un sinfín más de papeles que debemos tomar cuando las cosas se ponen complicadas. Pienso en algo tan simple como una comida familiar, la cual se convierte de un momento a otro en un campo de batalla.
En momentos como ese tomamos diferentes oficios, por llamarlos de alguna manera, a fin de llevar una sana interacción; a veces somos traductores, de lo nuevo a lo clásico y viceversa, logrando que cada término se comprenda por más extraño que suene; en otras ocasiones somos maestros, tratando de explicar las viejas costumbres a los nuevos jóvenes, así como las nuevas tendencias a “los más grandecitos”; y en algunas más terminamos siendo abogados, justificando a un lado u otro en una discusión para dar una perspectiva que armonice todas los puntos de vista.
En medio de todo ese caos estamos nosotros, los milleneros, viviendo nuestra propia realidad sin saber a qué “lado de la mesa” pertenecemos. Al estar en dicha encrucijada, pienso en los siguientes consejos:
Sé paciente con todas las partes. Es difícil que tanto chicos como grandes comprendan la realidad del otro. Tu papel entonces es crear empatía y buscar las cosas que tengan en común para lograr un acuerdo. Será difícil, más con los mayores, pero tampoco se trata de una tarea imposible.
A todos les gusta ser escuchados y es algo que no se permiten entre generaciones, así que trata de darle oportunidad a todos para expresarse. Recuerda validar cada opinión sin consentir agresiones. Usa tu conocimiento ambivalente para mediar las cosas y lograr un consenso o, al menos, una tregua.
El pasado y el futuro no están peleados. Son dos lenguas que cuentan una misma historia y afortunadamente tú formas parte de ambas. Aprovecha tus conocimientos antiguos y modernos para dar una perspectiva diferente sin defender ni atacar a nadie.
¿Y cómo me relaciono con los demás?
Si cuentas con la fortuna de convivir con personas de tu misma edad, entre los 28 y 33 años, no tendrás mayor problema para encontrar cosas en común y hacer amigos. Sin embargo, si tienes un contexto como el mío, donde te ves atrapado en una encrucijada donde coexistes con chicos y grandes, aquí te presento algunos consejos que pueden ayudarte a no sentirte solo ni desubicado.
Películas y música nunca fallarán
Una buena amiga me dijo: “todo mundo ve y escucha algo”, lo cual es un gran consejo si te sientes perdido para iniciar una conversación o evitar un momento incómodo.
Independientemente de tus gustos, es seguro que hayas visto más películas clásicas de las que piensas, pues tus padres se encargaron de eso. Ante ello, aprovecha esa ventaja y usa eso a tu favor con tu “jefecita mayor”. Es muy posible que conozcan los mismos títulos. La única diferencia es que tus compañeros mayores vieron la película en el estreno y tú en VHS, ¡pero la vieron y es lo que cuenta! Además, te prometo que a los Boomers les encanta hablar de “cómo las cosas antes eran mejores” y quizá tengan razón en cierto punto (no en todo, ojo). Aprovecha eso y habla de los valores, de la belleza del film, de las técnicas clásicas, en fin, la lista es larga para aprovechar algún tema de conversación.
Por otro lado, trata de estar al día con los estrenos del momento, más particularmente con las series en las plataformas. Eso te ayudará a convivir con gente más joven que tú al reconocer que amas/odias a algún personaje, lo cual puede conseguirte un buen “amigo colágeno”. En cambio, si lo tuyo no es ver tanto la televisión, siempre puedes preguntar: “¿de qué trata?”. Con ello le darás la oportunidad a un joven de expresarse para hablarte de lo que le gusta sin sentirse juzgado, y quién sabe, tal vez termine gustándote eso que te está recomendando.
Embajadores del internet
Es muy probable que los nuevos jóvenes sientan cringe por lo que comparten los más grandes en redes sociales. No obstante, ellos olvidan que fue mi generación, los noventeros, quienes sentamos las bases para que todo eso sucediera.
Nosotros no somos nativos del internet, pero fuimos los primeros en habitarlo y, hasta cierto punto, mejorarlo. Cuando llegó a nosotros fue una novedad y la educación de nuestros tiempos se enfocó en lograr una mudanza hacia lo digital. Fuimos aprendiendo sobre la marcha y adoptamos el papel de “tutores” para enseñar a nuestros padres a usarlo. Claro, si para nosotros fue complicado en su momento, para ellos debió serlo mucho más, ya que estaban acostumbrados a una tecnología mecánica y no tanto virtual.
Actualmente los adultos comparten frases motivacionales, entre otras cosas que pueden resultar turbias, pero no es muy diferente a lo que hacíamos los Millenials en los primeros días en internet. ¿Quién no recuerda las fotos emo o los estados cursis en el arcaico Messenger para lanzar indirectas a la persona que te gustaba? Sí, eso fuimos y un día solo decidimos que eso estaba mal y lo cambiamos. Inventamos nuestras propias reglas para el internet, las cuales ahora son las bases que los nuevos jóvenes siguen, pero nunca se las explicamos a los adultos. Sin embargo, sí los juzgamos por no seguirlas, por lo que no debemos ser tan duros con ellos.
En ese sentido, aprovecha tu papel como embajador del internet para recordar a los más jóvenes cómo eran las cosas antes, a fin de que pueda reconocer los privilegios que tiene actualmente. Eso quizá les ayude a valorar más lo que tienen. En contraposición, ayuda a los más grandes a comprender el nuevo “reglamento de la web”. Ten paciencia con ellos y trata de ver las cosas desde su perspectiva. Tanto para unos como para otros, serás de gran ayuda.
Memes, tus mejores aliados
Es difícil que una persona no conozca lo que es un meme. Si bien algunos pueden ser bastante locales, la mayoría comprendemos su uso. No obstante, no siempre fueron así. Basta con recordar los monitos de bolitas y palitos para sentirse “viejo en el internet”. En contraposición, hoy usamos frases, casi siempre de películas, para burlarnos de nuestra realidad.
Enviarlos en tu círculo te ayudará a tener una mejor perspectiva de las cosas, ya que con ese gesto tan simple podrás ver el “bagaje cultural” que tienen las personas a tu alrededor. Con ello no me refiero a qué tan cultas son ni mucho menos. Me refiero a que podrás conocer un poco más sus gustos y apreciarás de una forma más sencilla las cosas que tienen en común.
Incluso podrás averiguar cómo es su sentido del humor con algo tan sencillo como un meme, de modo que te será más fácil saber quién conecta más contigo y tus ideas al notar si se ríe o no con lo que le mandaste.
Sencillo y práctico. Benditos memes.
La nostalgia está en auge, aprovéchala
Actualmente no es ningún secreto que en la cultura popular se está apostando por volver a los clásicos. Desde películas, videojuegos, libros o música, todo busca traer a la actualidad un remake.
Esto puede ser una gran ventaja para ti al crear justamente el vínculo entre lo clásico y lo moderno con las personas.
Con los mayores, seguro la pregunta de oro será: “¿Te acuerdas de…?”, con lo que una conversación sobre el pasado y los buenos tiempos será tu mejor aliada para platicar con el señor o la señora con quien convives.
Tal vez termines por conocer gran parte de su vida por esa simple película y probablemente te sorprenda descubrir algún dato curioso sobre su pasado.
Por otra parte, la pregunta: “¿Apoco no conoces…?” la vas a decir muchas veces con tus compañeros más jóvenes, pero será una oportunidad única para que ahora seas tú quién les platique de tus gustos y pasiones.
Algunos quizá no estén tan convencidos, pero habrá al menos uno que tenga un gusto por lo “retro” y querrá saber más. Ese es tu momento para entablar una nueva relación con una persona más joven.
Reflexión final
Este texto ya se hizo más largo de lo que tenía planeado, y estoy seguro que no dije todas las cosas que me hubiera gustado mencionar. Sin embargo, he decidido escribir este pequeño artículo en apoyo a las personas de mi generación que están pasando por lo mismo.
No, no estás solo. Últimamente los treintañeros nos sentimos así, con una duda existencial en la cabeza. ¿Ya soy un adulto? ¿Soy un joven con alma de viejo o un viejo que se niega a dejar de ser joven? Son cuestiones complicadas y lo único que buscamos es un lugar en el mundo.
Es cierto que estamos atrapados entre un par de facciones que buscan destruir los pilares de uno u otro pensamiento. Creo que tenemos una gran responsabilidad al mostrarles que no todo es blanco y negro. Si me lo preguntan, creo que somos la generación de los matices, tratando de aprender lo más que podemos del pasado y no dejarnos arrastrar por el acelerado futuro que cada vez va más deprisa.
Somos la generación que estará a cargo del mundo en un par de décadas. Seremos los nuevos Boomers y tenemos el compromiso de no olvidar las enseñanzas que se nos han otorgado para no cometer los mismos errores, así como de guiar a quienes tomarán nuestro lugar.
Y tú, ¿qué consejo darías?
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Me ha encantado, como millennial primigenia —soy más de mediados de los 80s—. Creo que somos una buena generación, puesto que lo hemos vivido todo, por eso se nos da bien relacionarnos tanto con gente más joven como más mayor.
No considero que seamos generación de cristal porque no nos ofendemos tan rápidamente con todo. Creo que somos de las pocas generaciones con un humor negrísimo que son capaces de reírse con un chiste verde o machista, que parece que hoy en día esté prohibidisimo 🙄 o es que igual yo estoy hecha de otra pasta.
Por cierto, buena mención de la palabra "funado". ¿Quién se ha inventado esa mierda por favor? Jajajajajaja 😂😂
Me ha gustado 👏🏻👏🏻👏🏻